Reportaje a Guillermo Pereyra

“Desde chiquito tenía la convicción
de que iba a ser futbolista”

Fue un volante central de notable jerarquía y presencia. Dueño de una técnica admirable que lo hacía ser un cinco vistoso. Muy buen juego aéreo, formidable pegada, férreo en la marca y dúctil para manejar el balón siempre con una buena visión. Esos son algunos de los recursos que poseía Guillermo Pereyra como jugador. Se mantuvo cinco años en la primera de River, logrando cuatro títulos y alcanzando un alto nivel con actuaciones muy recordadas. Marcando, por ejemplo, un gol ante San Lorenzo en la última fecha del Apertura ´99 que valió el título. Pero mucho más interesante que referirnos a su faceta como futbolista, conocida por todos, es hablar sobre el camino desandado para llegar a serlo. Una historia muy particular y risueña que vale la pena contar. La de un chico, hoy hombre, que vivió siempre como jugó: con simpleza, mucha claridad conceptual para hablar y un equilibrio justo en su personalidad.

Por Damian Giovino
@DamianGiovino

Cuando uno repasa el proceso formativo de muchos jugadores que llegaron a ser reconocidos profesionalmente, suele ser el mismo. Comenzar en el equipo del barrio, pasar a un club importante, y luego, si allí sobresale, ser convocado a los seleccionados menores. Pues ese no es el caso de Guillermo. Su camino fue diferente al resto. Esos pasos se alteraron. Estando en Renato Cesarini de Río Cuarto, su ciudad natal, fue convocado a la selección sub 17. Con 14 años y jugando en un club ignoto a nivel nacional, llamó la atención del Profe Salorio que no dudó en citarlo. Vaya si no tendría talento. Luego de algunos entrenamientos en el predio de AFA, Pékerman quedó muy satisfecho con él pero le solicitó que necesitaba que venga a un club de Buenos Aires. Le ofreció tres posibilidades: River, Boca o Lanús. Guille no lo dudó. Al llegar al club se encontró con otros dos coterráneos, Aimar y Costanzo, con los cuales ya había jugado en Estudiantes de dicha ciudad. Los tres se contuvieron ante el desarraigo y lograron juntos el gran objetivo por el cual tanto lucharon: triunfar en primera. “River me permitió cumplir mi sueño de ser jugador pero también me formó como persona”.

Tu hermano más chico, Federico, juega en The Strongest. Gerardo, el más grande, también jugó al fútbol. En tu infancia pasaba todo alrededor de una pelota.

Sí, tal cual. Recuerdo las peleas con mi madre porque le rompía toda la casa jugando al fútbol. Era un enfermo fanático de la pelota. Hacía los deberes del colegio con la pelota en los pies. Me iba a dormir con la pelota. Éramos todos muy futboleros. Siempre tuve el apoyo de mis viejos. Mi padre a veces llegaba cansado de trabajar y agarraba la bicicleta para llevarme a entrenar. Si yo jugaba en una cancha y mi hermano en otra, mi mamá iba a ver a uno y mi papá al otro. Luego se dio la posibilidad que de los tres hermanos, dos logramos llegar a jugar en primera.

Río Cuarto es una de las ciudades con mayor PBI per cápita de argentina. ¿Tu familia seguía ese sesgo de clase media-alta, o cómo vivían?

Nosotros no entrábamos en esa calificación. Sí es verdad que Río Cuarto es una ciudad muy pujante y bastante fuerte, donde hay familias de una clase económica muy buena. Pero mi viejo era un laburante. Si bien nunca nos faltó nada, tampoco sobraba. Siempre pudimos tener nuestro plato de comida, ir al colegio, a fútbol. Nunca se nos privó de nada pero los lujos escaseaban bastante en casa. Por eso es que se valora el doble todo el esfuerzo que hicieron mis viejos. Siempre con el laburo de mi padre alcanzaba, pero cuando me vine a Bs As, mi mamá empezó a trabajar para que no me faltase nada.

Eas muy inquieto de chico y buscabas tu independencia económica. Fuiste vendedor ambulante, organizaste torneos de fútbol.

Sí, así fue. Desde muy chiquito yo tenía la convicción de que iba a jugar al fútbol. Pero para eso necesitaba irme a Bs As en algún momento. No sabía cómo iba a ir pero lo que sabía era que necesitaba plata. Siempre busqué la manera de ganar esa plata extra. Para mi familia tener un hijo en Bs As, era un lujo. Entonces trataba de no cargar a mis padres con esa responsabilidad. Intenté rebuscármela yo con los recursos que encontraba siendo tan chico. Repartía volantes en la calle, organizaba torneos de fútbol para nenes más chiquitos y daba como premio los trofeos que había ganado yo o mi hermano Gerardo en algún momento. Era el árbitro también. Mi hermano Federico, el más chico, jugaba y siempre ganaba el torneo, así que el trofeo seguía quedando en casa.

¿Cómo fueron los comienzos en el fútbol en tu ciudad?

Comencé en el club del barrio que se llama “Sócrates Anaya”, luego como me veían condiciones pasé a Estudiantes de Río Cuarto que es un club muy popular en la zona. Ahí coincidí con Franco Costanzo y Pablo Aimar. Renato Cesarini estaba muy fuerte y tenía el mejor equipo de mi categoría, entonces me vinieron a buscar. Con Renato ganamos varios campeonatos y jugamos varios provinciales.

A los 14 años estabas jugando en Renato Cesarini cuando te vio el Profe Salorio y te llevó a la selección sub-17. ¿Qué recordás de ese momento y cómo lo viviste?

En uno de los provinciales que jugamos es donde me ve el Profe. Si bien sabíamos que había observadores de la selección juvenil, ese campeonato nadie me dijo nada referido a que querían convocarme. Al poco tiempo llegó una carta de la AFA al club y el presidente la trajo a mi casa. Llegué del colegio y me estaban esperando para abrirla. La carta decía que tal día me tenía que presentar en el predio de la AFA para entrenar con las sub-17. Fue una sorpresa gigante y no lo podíamos creer.

Y ¿cómo fue el momento que te presentaste al entrenamiento?

Cuando llegó la fecha indicada me presenté en el predio. Llegaba de Río Cuarto con un bolsito, ilusiones y ganas, no traía otra cosa. Había jugadores de la talla de Riquelme, Cambiasso, Romeo. Ellos en la sub-20. En la sub-17 había un gordito de rulos y yo pensaba que estaba por ser el hijo de alguien. Era Gabi Milito. Yo era mucho más campechano que el resto. De Río Cuarto directo a la selección.

¿Pékerman fue el que te recomendó que tenías que quedarte en Bs. As. en algún equipo grande?

Sí. Estuve una semana entrenando en el predio y antes de volverme José toma una charla conmigo. Ahí me dijo que le había gustado y que quería seguir contando conmigo pero para eso necesitaba que me quedase en un club de Bs As. Me ofrecieron ir a River, Boca o Lanús. Cuando volví a Río Cuarto tuve una reunión con mi familia y decidimos que vaya a River porque era lo que queríamos todos. Era la mejor opción.

Decías que conociste a Aimar y Costanzo siendo bien chiquitos en Río Cuarto. Llegar a River y encontrarte con ellos habrá sido una gran contención para evitar el desarraigo.

Sin dudas. Gran parte del éxito de los tres y de que hayamos podido desarrollarnos en River y quedarnos aquí, fue la contención que nos dimos. Pablo ya había estado el año anterior y se había vuelto a Río Cuarto. No es fácil llegar a Bs As desde el interior siendo tan chicos. Pablo lo intentó y se volvió. Después por la insistencia de Passarella y de la gente del club, volvió. Pero no creo que se hubiese quedado mucho si no llegábamos Franco y yo. Estando los tres juntos, ahí sí nos centramos en jugar. Aunque siempre aparecía algún que otro llanto o alguna situación que te hacía dudar y tambalear. Aimar al ser más grande que nosotros, nos fue marcando el camino y guiando.

Además en la pensión estaban Demichelis, Lux, Cavenaghi, D´Alessandro. Luego pudiste compartir plantel profesional con todos ellos. Una satisfacción doble.

Sí, fue uno de los grandes privilegios que tuve el poder compartir plantel con todos los que integramos esa pensión. Cumplir el sueño de llegar a jugar en la primera de River, ganar títulos y encima con amigos. Nos habíamos criados juntos, sabíamos de los gustos del otro, de lo que había sufrido cada uno. Fue un lujo que nos pudimos dar. Miraba a mi alrededor y no veía compañeros, veía amigos. Fuimos al colegio juntos y demás.

Ganaste cuatros títulos con el club, integraste equipos que quedaron en la historia y tuviste actuaciones formidables. ¿Superaste los sueños que tenías cuando eras chico?

Por un lado estaba convencido de que iba a jugar al fútbol, pero por otro nunca pensé que iba a lograr todo eso. En mi familia tenemos un dicho que nos identifica y que lo llevamos tatuado que es “vivimos por encima de nuestros sueños”. Superé mis sueños. Siempre fui ambicioso pero en ningún momento llegué a soñar tanto.

Se sabe de tu gusto por el Polo. ¿Era algo que practicabas desde chico antes de venir a Bs As o lo descubriste de grande?

No, no lo practicaba en Río Cuarto, pero sí apenas llegué a Bs. As. Río Cuarto es una zona fuerte en ese deporte y teníamos muchos amigos que lo jugaban. Cuando me retiré del fútbol, me acercé bastante al Polo. Es un ambiente donde encajé muy bien. Un deporte que me genera adrenalina y me distraía mucho cuando dejé el fútbol. Era una contención.

Además de formarte como jugador, te formaste como persona en River terminando la secundaria en el Instituto.

Totalmente. River me permitió cumplir mi sueño de ser jugador pero también me formó como persona. Me dejó enseñanzas para toda la vida. River fue mi casa.

¿Qué te gustaría decirle al hincha de River?

Gracias. Sé que el hincha de River tiene respeto, admiración y paciencia con los jugadores surgidos de la cantera. Valoran el esfuerzo porque saben de los sacrificios. Siempre le brindan un cariño extra a ese jugador. Sigo sintiendo hoy en día ese afecto y me sorprende. Con la gran historia de River y la cantidad de jugadores que pasaron, que tengan ese recuerdo sobre mí, es un orgullo. La mayoría me recuerda por los goles a Talleres y el gol del campeonato a San Lorenzo.
 

EL DÍA SOÑADO
 

El 19 de diciembre de 1999, Guillermo Pereyra vivió el día que soñó desde que llegó al club: ser campeón con River y marcando un gol. Fue en el partido frente a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. Partido correspondiente a la fecha 19 del Apertura. Esa jornada dirimía quién se quedaba con el título: el Millo, Boca o Rosario Central. Finalmente el conjunto de Ramón logró un empate dos a dos, que le alcanzó para dar la vuelta y obtener el 28° campeonato local. Quien hizo posible eso fue el volante de Río Cuarto quien abrió la cuenta con un cabezazo certero. Con apenas 19 años, Guille obtenía su primera corona.

Escuchalo a Guille en: www.mibelgranoriver.com.ar/guille

 

LOS NÚMEROS DE PEREYRA

Disputó 135 partidos, 87 como titular. Ganó 75, empató 27, perdió 33. El entrenador con el que más jugó fue Ramón Díaz: 56 cotejos. El compañero con el que más veces compartió equipo fue el Chacho Coudet (85 partidos). Marcó 10 goles (7 de cabeza, 3 de derecha). Cuando anotó River no perdió (8PG, 1PE). 3 goles en el 1T, 7 2T. El club al que más le marcó fue Talleres (3).