Reportaje a Leopoldo Jacinto Luque

“Llegué a River con la idea de salir campeón”

Fue uno de los mejores atacantes de todos los tiempos. Su excelso repertorio reflejaba una formidable técnica, una gran capacidad física y un soberbio remate de media y larga distancia. Le sobraban recursos. Todos ellos utilizados para un fin: el gol.

Por Damian Giovino
@DamianGiovino

En River marcó 75 goles en sus cinco años de permanencia. En ese lapso conquistó cinco títulos y tuvo brillantes actuaciones que lo catapultaron a convertirse en una histórica gloria riverplatense. A nivel nacional, fue una pieza clave para la obtención del Mundial ´78. Aportó cuatro tantos, siendo uno de los jugadores más destacados y segundo goleador del equipo detrás de Kempes. Pero la figura de Leopoldo Jacinto Luque no se puede reducir solo al plano futbolístico. El hombre del célebre bigote es un ejemplo de superación y motivación. Durante la Copa del Mundo sufrió la pérdida de un hermano, padeció una muy dolorosa lesión en su codo, pero nada lo detuvo. Su espíritu de guerrero y el apoyo vital de su padre, lo hicieron salir adelante, hasta levantar el tan ansiado trofeo. Leopoldo fue un fenómeno adentro de la cancha, pero por sobre todo, afuera es un gran tipo. “Cuando me dijeron que me había comprado River, me sentía en el aire”.

Si bien sos confeso hincha de Unión, te he escuchado decir que de chico también eras de River.

Yo soy hincha de Unión de chiquito, porque nací en Santa Fe y porque mi tía-madrina, cuando tenía cuatro o cinco años me regaló una camiseta de Unión. A medida que fui creciendo y tenía un poco más de idea, a eso de los diez años, ya era de Unión y de River. Era fanático de algunos jugadores de River de aquella época. Luis Artime, Juan Carlos Lallana, por ejemplo. Yo no tenía la suerte de verlos por televisión, porque en Santa Fe eran pocos los que tenían tele. Escuchaba los partidos por radio. El papá de un compañero del colegio tenía un kiosco de diarios y revistas, y mi amigo sabía que los lunes tenía que llevar uno de los diarios de Bs As para enterarme cómo había salido River ese fin de semana. Y ahí aparecían las fotos de los jugadores. Así que los conocía a todos por fotos. Los del interior siempre somos de un club local y de uno de Bs As. Cuando River sale campeón en el ´75, yo jugando para Unión, estaba contento.

¿Cómo se dio tu llegada a River?

En el Metropolitano ´75 le marqué en los 2 partidos a River. En el Monumental la primera ronda, y en la segunda, que Unión cedió la localía a la cancha de Vélez. Creo que ahí River se empezó a fijar en mí. Unión tenía un muy buen equipo y yo andaba bastante bien. Cuando terminó ese torneo, se empezó a hablar bastante de que River me quería y eso me hacía mucho ruido en la cabeza. “¡Qué lindo sería jugar en River!” pensaba. Me enteraba todo por la información de la prensa porque cuando iba a preguntarle a los dirigentes de Unión por mi situación me decían que era jugador del club y que cualquier cosa me avisaban. Un día estábamos concentrados porque jugábamos ese fin de semana un partido con Colón, y vienen algunos dirigentes y me dicen que me vaya para mi casa porque al otro día temprano me tenía que ir a Buenos Aires. “Te hemos transferido a River” me acuerdo que me dijeron. Al otro día cerraba el libro de pases así que había que hacer todo rápido.

¿Qué sentiste cuando te dijeron que eras jugador de River?

Me sentía en el aire cuando me dieron la noticia. Cargué el bolso de la concentración y me fui en el Fiat 600 que tenía en aquel momento. Debía ir a mi casa, donde vivía con mi mujer, pero agarré para el otro lado y me fui a la casa de mis viejos. Era el agradecimiento por todo lo que habían hecho por mí. Mi mamá no se compraba un par zapatos para darme la plata para el abono del micro. Mi papá no se compraba una camisa, para comprarme unos botines. Entré a los gritos diciendo que me habían vendido a River. Todos se emocionaron. Cuando llegué a Capital y me junté con los dirigentes de River, acordamos todo y me dijeron que no podía ganar más que el Pato y el Beto, que eran el techo. Les dije que estaba bien, que un poquito menos. Ahí no había representantes todavía. Cuando me dijeron la cifra, pregunté a dónde había que firmar. Eran otros números comparado a lo que estaba acostumbrado. Mi transferencia fue record en precio para la época. River le pagó a Unión por mi pase 790.000 pesos, algo así. El gerente del club me llevó a la concentración y el de la puerta no me dejaba pasar. Yo le decía que era Leopoldo Jacinto Luque, y me decía “andá, que vas a ser Luque vos”.

Tuviste la mejor carta de presentación: debutar en la cancha de Boca y marcar el gol del triunfo.

A los 2 días de llegar, Labruna me dijo que me iba a poner un rato en el partido de reserva. Yo le dije “perdóneme Don Labruna, pero prefiero ir al banco de primera, después si me toca entrar entro, sino no hay problema”. Me preguntó por qué y le contesté que si me ponía en reserva y jugaba con pibes, capaz no me la tocaban, no estaba en sintonía de partido y mi debut en River era un desastre. Me dio la razón, le gustó mi postura y me dijo “mañana jugás en primera”. Me acuerdo que hablé por teléfono y les avisé a todos en Santa Fe. Al otro día llegamos a la cancha de Boca, fui uno de los primeros en cambiarme y Don Ángel me dijo que jugara como si estuviese en Unión.

¿Qué pasó por tu cabeza cuando convertiste el gol?

Cuando hago el gol y salgo para festejar, me pasó algo particular: me doy vuelta esperando a los muchachos para el abrazo y en mi cabeza estaba la imagen de compañeros con la camiseta de Unión. En el momento que giro la cabeza, esperaba a los de rayado, pero venían todos con una franja roja. Fue todo tan rápido que todavía no había cambiado el chip. También hice la jugada del primer gol. Pude arrancar con el pie derecho.

Ese partido fue un preludio de lo que luego vendría: 5 años en el club, 75 goles y 5 títulos. Te convertiste en una importante gloria de la historia de River.

Sí, hice goles que fueron importantes y tuve partidos bárbaros. Pero tuve bajones también. Cuando me di cuenta que estaba en River, ahí tuve un bajón. Fue al comienzo del ´76, no andaba bien. Me estaba costando hacer goles, perdía pelotas estúpidas. La gente coreaba mi nombre y eso me presionaba más. Hablaba con mi mamá y me decía “hoy hacés un gol”, hasta mi hijo me preguntaba si iba a hacer un gol en el partido que venía. Yo le decía a Labruna que si me tenía que dejar en el banco, conmigo jamás iba a tener un problema. Fui levantando y ese año metí cinco goles en un partido contra San Lorenzo.

Haber llegado luego de que River cortara la sequía de casi 18 años sin ser campeón, ¿fue un alivio para vos?

No. No vine diciendo “ah bueno, River ya salió campeón, vengo tranquilo”. En mi cabeza llegaba con la única idea de salir campeón. Yo lo que no sabía era si los demás muchachos estaban con ganas o convencidos de volver a ser campeones. Un día estábamos concentrados y se armó una reunión en una de las habitaciones entre todos los jugadores. No me acuerdo cuál de los referentes plateó el tema. “Venimos bien, estamos jugando bien, ¿metemos doblete?”, dijo. Todos respondían, y cuando me tocó el turno a mí, dije que yo había venido para salir campeón, que sería la gloria lograrlo con River. El Negro JJ me miró y me dijo “todos queremos salir campeón, pero cuando hubo un título tan cerca, a veces uno baja el nivel. Por eso es esta reunión”. Todos estuvieron de acuerdo y le dijimos a Labruna que si teníamos que concentrar hasta diciembre, lo hacíamos.

¿Cuál fue el pico máximo de tu nivel?

En el ´77 tuve un gran año. Fui tapa de la revista “Siete Días” como uno de los personajes del año. La tengo esa tapa todavía. Había personalidades de todos los ambientes y yo fui el personaje del fútbol.

¿Qué clase de jugador eras?

Yo no era un goleador. Por ahí veía partidos en aquella época y decía “mirá que culo” porque el nueve estaba parado, no participaba de la jugada, le quedaba un rebote y la empujada adentro. Lo mío era más elaborado, romperme todo, participar de la jugada. Otros parece que tienen un imán, pero eso es una virtud, están en el lugar justo.

¿Tuviste la posibilidad de ir a jugar al Barcelona?

Sí, tuve la oportunidad. Cuando terminó el Mundial ´78 me vino a ver a mi casa Helenio Herrera, que era una especie de manager del Barca. Me preguntó si me interesaría ir al Barcelona. Me ofrecía un contrato por 3 años y un dinero importante. Era algo muy tentador. A los días me llamó Aragón Cabrera comunicándome que había llegado al club una oferta del Barca, pero que yo estaba dentro de una lista de intransferibles. Le dije que me ceda un año por lo menos, que después volvía. “Si te vendo, tengo que hacer un estadio el triple más grande de lo que es, para que el hincha me perdone”, me dijo.

Durante el Mundial ´78 tuviste la pérdida de un hermano, una importante lesión en el codo, y nada te detuvo. Sos un ejemplo de vida, de superación y motivación

Soy muy creyente y hay cosas que suceden. El de arriba sabe por qué. Cumplí años el 3 de mayo, durante el Mundial. Mi familia vino de Santa Fe a la concentración para saludarme y traerme una torta. A los pocos días, mi hermano venía para Bs As a ver uno de los partidos. Un conocido de la familia se sumó con él. A la altura de San Isidro se había juntado neblina, y chocaron con un camión que estaba parado en la banquina. Mi hermano falleció en el acto. Yo jugaba a la tarde noche de ese día contra Francia. Cuando mi papá se enteró, lo primero que hizo fue dar la orden de que nadie me avisara a mí. Que me iban a avisar personalmente. Ese día no me enteré y jugué el partido. En ese mismo partido me lastimé el codo. Cuando salgo para que me atiendan, me llevan los médicos al túnel. Ahí al final de la escalera habían puesto una camilla, me tiraron ahí y me acomodaron el codo. Me querían llevar al vestuario y yo dije que tenía que volver al campo porque se habían hecho todos los cambios. No querían los médicos, entonces cuando amago a caminar para el vestuario, me doy vuelta, subo la escalera y le pido al árbitro que me deje entrar. En ese momento pensé en mi familia que vieron como me sacaban hecho mierda. Entonces volví por ellos, para que vieran que estaba bien. Me quedé ocupando espacio, poniéndome al lado de un rival para que no se la den. Al otro día me vinieron a despertar en la concentración para avisarme que me estaban esperando mis papás. Yo estaba convencido de que venían por el tema del codo. Ahí me dieron a conocer la noticia. Mi papá me encaró y me dijo que así como hacía unos días atrás habían venido a pasar un buen momento por mi cumpleaños, ahora venían a darme una mala noticia. Cuando fui a hacer todos los trámites y a despedir a mi hermano, abandono la concentración y Pasarrella me dio un dinero de una "caja" que había de unos partidos amistosos previos al Mundial, que el plantel la guardó para usar en alguna ocasión. El cumpleaños de alguno, el nacimiento del hijo de otro, por ejemplo. Muchos joden con que el plantel tenía relación con los militares. ¿Vos crees que alguna persona de la AFA o del gobierno militar se acercó a ver si precisaba algo? Nada. Yo no volví al equipo, luego de ese suceso, por héroe, ni por hacerme el valiente. Volví porque tuve ganas de darles una alegría a mis viejos. La fortaleza de ese momento me la dio mi viejo.

YO OPINO

El “Flaco” Rubén Sagarzazu, una gloria histórica del periodismo de River, nos trae su reflexión sobre Leopoldo .

“El caso de Leopoldo es muy particular. Cuando lo venden a Morete, que había tenido un torneo excelente (Metropolitano ´75), Labruna muestra por qué era un tipo adelantado, de una enorme visión. Cuando se hablaba de reemplazar al goleador del equipo, todos imaginaban un nombre de mucho peso. Cuando aparece el nombre de Leopoldo Jacinto Luque, en River miraban para todos lados. Es un caso emblemático porque explota a los 25, 26 años. Algo similar a Gustavo Bou. Muchos decían “en Unión rindió, pero ¿con 26 años va a explotar y se va a poner la camiseta de River?” Vino, se puso la camiseta y la rompió. Tres años después era el delantero de la selección y campeón del mundo. Leopoldo marcó una época, hay un antes y un después en el puesto de nueve en el fútbol argentino. Era un jugador rápido, que cubría muy bien la pelota, hábil, con gol y hacía hacer goles. Fue uno de los delanteros que mejor entendía el juego. Se tiraba a los costados y fabricaba los espacios. Metía diagonales hacia afuera. Jugaba con y sin pelota. Fue un nueve adelantado a su tiempo. Era muy completo. Sabía todos los movimientos que tenía que hacer adentro del campo”.